¿Cómo pedir aumento?

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Hace semanas que el funcionario X no piensa en otra cosa que un aumento de sueldo. Como disco rayado, las ideas se le repiten en la cabeza: que lo merece, que lleva más de un año haciendo tareas que no estaban en el contrato, que además las hace muy bien y que por eso ha sido felicitado, que es el primero en entrar y el último en irse, que así las cosas nunca conseguirá tener ahorros, que no es justo, que la empresa no lo valora, que no quiere escuchar más los reproches de su mujer, que este domingo, sin falta, se compra el Gallito Luis.

Pero el funcionario X no tiene deseos de cambiar de trabajo, le gusta lo que hace y se reconoce apto para la tarea. ¿Entonces? No le quedan alternativas, tiene que exponerse, hablar con su superior y pedir explícitamente un aumento. Tomada la decisión, sobreviene la duda: ¿Cómo se pide con éxito una mejora salarial?

Es bastante obvio que no existen recetas universales e infalibles, pero sí se pueden enumerar algunas pautas de comportamiento para enfrentar una situación así - ninguna de ellas implica apostar a la magia cruzando los dedos al momento de hablar-, teniendo en cuenta que cada empresa, jefe o gerente de Recursos Humanos tiene sus particularidades y que, por lo tanto, es necesario apelar a creativas adaptaciones. No obstante y por encima de todo, el mejor argumento para conseguir un aumento sigue siendo el desempeño y la capacitación.

La previa. Antes de solicitar una reunión con el superior, es imprescindible conocer el mercado. Esto es: cuánto se paga en el rubro por el mismo puesto. Ir a la reunión con expectativas por encima de la realidad puede conducir directo al fracaso. No menos importante es conocer los niveles salariales hacia la interna de la organización. Pedir más de lo que recibe un superior es otro atajo a la frustración.

"Demostrar conocimientos del mercado laboral le aporta seriedad a la solicitud, brindándole objetividad y evitando discusiones", ilustra Verónica Melián, directora de la Consultoría en Capital Humano de Deloitte.

También es importante informarse acerca de la situación financiera de la empresa, señala Federico Muttoni, gerente de la consultora Advice. Muchas empresas fijan en la instancia de presupuesto sus metas de ventas y de costos, entre las cuales se incluyen los salarios, agrega.

José Luis O´Neil, partner estratégico de Ascênde, organización que también se dedica a la consultoría y gestión de Recursos Humanos, aporta otra recomendación crucial: "Asegurarse que la empresa no se encuentre atravesando una situación de crisis".

Otro factor que debe jugar es la autocrítica: analizar el propio desempeño, los niveles de responsabilidad, las fortalezas y las debilidades, la capacidad para cumplir con las metas trazadas si las hubo, y la disponibilidad de personas con capacidades similares en el mercado.

Conocer las habilidades y las limitaciones posiciona mejor al solicitante e incrementa sus probabilidades de éxito, señala la experta de Deloitte.

"Siempre le digo a la gente: en la vida el que no se distingue, se extingue", comenta Mario Menéndez, presidente de Cambadu, desde su perspectiva de "bolichero viejo". "Y si no sos diferente, hacete la raya al medio", agrega entre risas. Fuera de bromas, con o sin raya, hacerse notar positivamente puede ser la diferencia entre un sí o un no.

"Si la persona vale, creo que hay que hacer todos los esfuerzos por reconocerlo. Por dos razones: por el valor del funcionario hacia la interna y porque de lo contrario se lo lleva la competencia", admite Alfonso Varela, propietario de Varela Radío S.A., empresa con 50 empleados y 128 años en el mercado.

Quien quiera convencer al jefe de que se merece un poco más debe tener claro lo que no hay que hacer en este tipo de situaciones: "Evitar el ultimátum. No quemar las naves. Dejar margen para la negociación. En general, no hablar de otras oportunidades fuera de la empresa. Los empleadores y los jefes, a esta altura de los acontecimientos, saben que el talento es escaso y que hay que fidelizarlo y retenerlo. Y si en su empresa no lo saben, quizás hay que mirar para otro lado. Pero guárdeselo para usted", sugiere Muttoni, gerente de Advice.

"No utilizar como argumentos las necesidades económicas. Un aumento basado en esto puede resultar efectivo en lo inmediato, pero a costa de transmitir una imagen inconveniente. El éxito de un aumento de salario también se mide en términos de largo plazo", comenta José Luis O´Neil, de Ascênde. Henry Acuña (53), lector de El País Digital estuvo cerca de quedarse sin aumento por decirle a su jefe que el dinero no le alcanzaba. (Ver recuadro).

A propósito de esto, Muttoni señala: "Hoy en Uruguay resulta más difícil el argumento del aumento basado en el costo de vida, en función de que la inflación es moderada y de que existen ajustes obligatorios cada seis meses".

Tampoco rinde aquello de que fulanito gana más y/o que trabaja menos. "Esto introduce elementos subjetivos que no favorecen el planteo de incremento de sueldo", arguye Melián, de ahí que la experta sugiera evitar comparaciones.

Por último, todos los consultados coinciden en que la amenaza de renuncia no es una herramienta conveniente. "No son efectivas y, en caso de usarse, es un recurso de una sola vez, después pierde credibilidad", asegura Melián. "Jamás la amenaza. Nadie es imprescindible y quizás acepten su renuncia. No es el modo correcto y puede generar el efecto contrario", explica Muttoni.

En opinión del empresario Alfonso Varela -quien además es el presidente de la Cámara Nacional de Comercio y Servicios del Uruguay-, el recurso de la renuncia no está presente en las personas comprometidas con la empresa. "El planteo bueno es el de aquel que conoce la empresa, el mercado, la realidad de los números, el que sabe si es viable o no", agrega.

Mario Menéndez (Cambadu), en cambio, supedita un posible aumento de sueldo al cómo y quién realice el pedido: "Si viene el mejor empleado a decirme que si no le aumento se retira es como cuando la patrona te dice: `Si no me cumplís, te dejo`", ilustra. "Si hay alguien que tiene un plus en beneficio de mi empresa considero que soy mala persona si yo, pudiendo, no tengo un plus con él", agrega. Aquí lo ideal sería adelantarse al pedido del funcionario. "Así te asegurás que esté cómodo, contento y que no se te vaya", ilustra.

En este sentido también coinciden distintas revistas digitales especializadas; el escenario ideal es el de las empresas bien estructuradas salarialmente, en las cuales el empleado no necesita exponerse al reclamo del aumento.

El partido. Además del cómo, es importante el cuándo. Es obvio que no conviene solicitar un incremento el día que el jefe está evidentemente malhumorado. Pero hay otros factores a tener en cuenta. "Sugerimos evitar los días de mayor actividad en la semana para cada organización, como por ejemplo, lunes y viernes que, por lo general, son los días más complicados", afirma Verónica Melián.

"Que no sea dentro de un período de zafra o pico de trabajo", recomienda O´Neil.

"El `timing` indicado es cuando se ha alcanzado una meta importante y somos reconocidos por ello (el día que nos llaman para felicitarnos, etc.), cuando asumimos nuevas responsabilidades o cuando somos ascendidos. Ese es el día para el pedido, no se puede dejar pasar", señala por su parte Federico Muttoni.

Los especialistas coinciden en que lo ideal es esperar un año para solicitar un incremento desde el ingreso a la organización. "Si no está satisfecho con sus ingresos antes del año es porque cometió errores al negociar su salario de ingreso o no evaluó convenientemente la oferta laboral", explica Muttoni. En tal sentido, José Luis O´Neil indica que lo mejor es acordar un aumento desde el comienzo, en función del cumplimiento de las metas y de la performance.

También es importante llegar a la reunión con el monto definido y cierto margen de maniobra, eso le aporta claridad al empleado y le facilita las cosas al empleador. Como señala el empresario Alfonso Varela, cuando la relación es buena, un diálogo de estas características no deja de ser una "negociación". Y bueno, si la conversación se pone dura o si el argumento es que la empresa no está en condiciones de aumentar, es bueno tener pensadas alternativas al dinero; como la financiación de cursos de capacitación, maestrías y posgrados; una reducción de la carga horaria, cheques alimentación; entre otros.

Llegado a este punto, sólo resta una palabra para quienes aspiren a un aumento: ¡suerte!